lunes, 5 de diciembre de 2011

Vuelva usted mañana

El otro día un cliente promotor nos contrató un emailing. Es para difundir el fuerte descuento que piensa aplicar a su obra nueva, el 30%. La promoción va a ser pronto propiedad del banco acreedor, así que el promotor explicó hace ya tiempo sus planes al banco solicitando por escrito autorización para aplicar el descuento.

Los del banco enviaron a una persona que, tras visitar la promoción sobre el terreno, le dio el visto bueno verbalmente. Pero el promotor, dada la maltrecha situación económica de su empresa y su condición de deudor, no quiere publicitar la rebaja hasta que se lo confirmen por escrito.

Apremiado por el calendario, nos cuenta su caso y decidimos intentar ayudarle aprovechando el contacto de un conocido. Así que, una vez localizado al responsable, me pongo al habla y le cuento la historia. Con el descuento, que parece ya validado, el promotor vendería algunos pisos, rebajaría su deuda y el banco reduciría la envergadura de la ejecución hipotecaria, así que parece que ambos saldrían ganando. Quise hacer la llamada porque no es muy frecuente que el promotor quiera poner dinero de su bolsillo para jugar todas las cartas posibles antes del embargo. La mayoría abandonan antes.

Supuse que el banco, como empresa privada que es, estaría interesado en proteger sus maltrechas cuentas y que, ante la posibilidad de vender algunos pisos antes de embargar, se movería rápido.
Mi interlocutor empezó dudando, y me pareció que entendía la situación. Pero quizás al intuir el trabajo extra que le iba a dar la gestión, me cortó secamente diciendo que yo no era quién para inmiscuirme entre el promotor y el banco, que el promotor recibiría su autorización cuando le tocara, y punto. Le expliqué que se trataba tan solo de acelerar el proceso para evitar perder ventas por el efecto de la Navidad ya muy cercana, y en un momento de debilidad llegó a pedirme el cif. Pero rápidamente recuperó la compostura, se desdijo de cualquier posibilidad de ayudar, zanjó con un "además tenemos mucho trabajo" y me colgó en plan grosero.

Así que el descuento sigue sin aplicarse, el emailing no ha podido salir, la promoción sigue sin venderse y, cuando sea ejecutada por impago, tendrá todos los pisos que hubiera podido tener, más los que no se vendieron antes por la incompetencia administrativa del propio banco. Y nosotros, cuando el banco quiebre, acudiremos a su rescate con el dinero de nuestro bolsillo.

1 comentario:

Javier Güenechea dijo...

Es increíble. La pregunta a ese "señor" del banco sería... si fuera suya la empresa que ofreció la hipoteca a este cliente, ¿haría lo mismo?

 
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